20 noviembre 2017

Atención, noticias breves

Interrumpimos la transmisión durante un par de semanas porque #cosas.
#Cosas buenas, de las que se leen.
Sin zombis.
Será por una buena causa, ya lo veréis. 

13 noviembre 2017

El ratoncito Pérez

Llevamos un mes con los dientes que nos os podéis imaginar, ni falta que os hace porque os lo pienso contar con detalle en cuanto le encuentre la p*t* gracia.
Mientras tanto y para esta historia, solo necesitáis saber que el dentista le echó un vistazo a la boca de Nena-chan y nos dijo:
-A esta niña se le mueven los dientes.
Lo que no se le mueva a esta niña, pensé, porque la nena nos ha salido un poco inquieta y hasta dormida da saltos en la cama, y yo no tengo nada en contra de los saltos en la cama, pero es que duerme en la litera de arriba y cualquier día se va a estampar contra el techo, y lo acabamos de pintar.
-Mira -insistió el dentista.
Y le dio un meneo a los incisivos inferiores que aquello se bamboleaba como palmera agitada por el viento.
-¡ARG!
-No se preocupe -me dijo el dentista, que es que no me conoce todavía-. Esto va para largo. Seis meses o un año, calculo.
Exactamente dos semanas más tarde llegué a casa y Nena-chan se me echó encima.
-¡Miramamásemehacaídoundientemiramamámiramamá!
Y abrió la boca y, cierto es, donde antes había un diente, ahora había un hueco.
-Ay, ay, ¿cómo te lo has hecho? -le pregunté, porque las cosas como son: desde que empezó el colegio hemos tenido labio partido (dos veces), ceja partida (una), lengua hinchada (una), ojos morados (he perdido la cuenta, el último esa misma semana, con derrame incluido), arañazos y moratones (ni siquiera empecé la cuenta, porque para qué), y una piedra en nariz (no preguntéis), que de verdad a veces pienso que en ese colegio la enfermera está porque tiene que estar, pero el hielo solo lo hacen por mi hija.
-Se he me ha caído solo.
-¿Después de darte un trompazo con...?
-Con la mesa, pero el diente no se me ha caído por eso.
Lentamente la verdad penetró en mi cerebro: a Nena-chan se le ha caído un diente por causas naturales.
Se me escapó una lagrimita.
¿Cómo era posible?
En lo que a mí respecta, le salieron prácticamente ayer (¿o eso era a Bebé-kun?). No le han durado nada: debe ser por la obsolescencia programada.
Nena-chan me dio el diente envuelto en una servilleta de papel y yo flipé infinito porque no lo hubiera perdido, teniendo en cuenta que todos los días pierde las gomas para el pelo y las lleva atadas a la cabeza.
Pero claro, si pierdes la goma no pasa nada mientras que el diente lo necesitas para...
-¡Vamos a ponerlo debajo de la almohada para que venga el ratoncito Pérez!
Restos humanos en la cama y un ratón corriendo por la casa mientras dormimos: para que luego digan que la maternidad no es emocionante.
Le busqué a Nena-chan una cajita, metimos el diente dentro y luego la cajita en la funda de la almohada, en la esquina superior derecha, que es un dato que se me quedó grabado sin razón aparente, no es porque pensara utilizarlo luego para nada ni nada de eso, ¿eh? Que vosotros sois mucho de sospechar.
Y después nos metimos en la cama: Nena-chan en la litera de arriba y yo en la de abajo.*
A los cinco minutos Nena-chan estaba durmiendo a pierna suelta.
Qué manera de roncar, oigan.
Ni esperar despierta al ratoncito Pérez ni leches.
Mientras tanto, yo no conseguía conciliar el sueño. No paraba de pensar en el ratón. La litera de abajo está a ras de suelo para que Bebé-kun no se esmorre en el hipotético caso de que algún día se decida a dormir ahí, pero tiene el inconveniente de ser muy ratón friendly, creo.
La verdad es que no tengo mucha experiencia con ratones.
Cuando vivíamos en el pueblo, el gato solía cazar ratones y traérmelos a la cama. Siempre pensé que era porque me quería mucho (cada uno se consuela como puede), pero luego leí en algún lado que cuando un gato hace eso es porque te considera débil y te está enseñando a cazar para que aprendas a valerte por ti mismo.
Encima de guarro, hijoputa, el gato.
Luego me acordé de que tenía otra experiencia con ratones en abundancia: una vez una señora ratona en estado de buena esperanza se hizo el nido en uno de los colchones del cortijo.
Era un colchón de gomaespuma y no se usaba mucho, las cosas como son.
La buena ratona debía estar a sus anchas. Lo que pasa es que entonces a la abuela se le ocurrió que era buen momento para poner en práctica esa bonita costumbre doméstica de darle la vuelta al colchón para que no coja forma, que digo yo que qué más le daría, si alguna forma hay que tener y allí no dormía nunca nadie.
Total, que le dice a mi padre que le ayude a darle la vuelta al colchón y de pronto empezaron a salir ratones por todas partes, y empezaron a correr por todas partes, y nosotras empezamos a correr por todas partes también, y mi padre empezó a decirnos pero qué hacéis, estaros quietas que los vais a pisar y yo con la sangre me mareo.
Resumiendo: se lió parda. O mejor dicho, se lió gris. Gris ratón.
En la litera de abajo, yo no paraba de pensar en la ratona que hizo el nido y en el ratoncito Pérez entrando en casa y lo cerca que estaba yo del suelo y no es que sea aprensiva ni nada pero así como a media noche me abracé a un zapato y tomé la firme resolución de estamparlo contra lo primero que viera moverse cerca de mí, y de quedarme despierta toda la noche si hacía falta.
No pegué ojo.**
No hubo movimiento en toda la noche, pero, al amanecer, empecé a oír ruidos en la litera de arriba.
Crujiditos.
Agarré el zapato con más fuerza y esperé.
-Mamá -oí al poco-, hay algo debajo de mi almohada.
Pues si es gris, blandito y peludo no cuentes conmigo para mirar. 










*ZaraJota y yo llevamos un mes durmiendo en camas separadas, incluso en habitaciones separadas: él con Bebé-kun y yo con Nena-chan. Si se os ocurre una forma mejor de destetar al lechoncillo de mi hijo soy toda oídos.
**Por una vez voy a reconocer que todo esto es mentira: en realidad no podía dormir porque estaba emocionadísima y no quería perderme el momento en que Nena-chan descubriera el regalito que el ratoncito Pérez le había puesto debajo de la almohada.

06 noviembre 2017

Villamatojo

Lo he dicho en Twitter, lo he dicho en Facebook, lo he dicho en Instagram... el único sitio en el que no se me ha ocurrido decirlo es aquí, y lo mismo debería.
Pues nada, que este verano estaba en el pueblo y en una de esas noches en las que el puro cansancio no me dejaba dormir me volví toda loca y escribí un cuento.
Sí, del tirón. 
Sí, en una sola noche. 
Sí, me había dado mucho el sol en la cabeza. 
Y ya que lo tenía y no sabía qué hacer con él lo subí a Amazon en formato ebook.
No, no está en otras plataformas. 
No, no voy a hacer versión impresa.
No, esto no le ha quitado tiempo a la segunda parte del #Lorzfunding porque cuando lo escribí no tenía ordenador a mano y dejadme que os diga, sin relación con lo anterior, que escribir con boli sobre papel higiénico no es tan fácil como podría parecer. 


Se llama Villamatojo, y no es ni de reírse ni de pasarlo bien ni nada, sino de mucho sufrir y de perder la fe en la raza humana y eso.
Además hay zombis aunque dentro del cuento no los llaman así porque lo de zombi suena muy glamuroso y en plena Extremadura como que no me pegaba.
Lo mejor que puedo decir de él es que al menos es breve y si os animáis a leerlo no sufriréis mucho tiempo.
Eso y que a mi madre le ha gustado, aunque también es cierto que se dio un golpe en la cabeza cuando era pequeña y desde entonces no ha vuelto a ser la misma.
Pues eso, que avisados estáis.

El primito nuevo

Me han hecho un sobrino.
Bueno, en realidad resobrino, porque no es hijo de ninguno de mis hermanos, no os preocupéis.
Ni llaméis a Control de Plagas.
Lo que pasa es que a falta de familiares más cercanos, un resobrino hace la misma ilusión... o más.
Por lo del Control de Plagas y eso. 
En cuanto recibí la noticia corrí a contárselo a Nena-chan, que está muy necesitada de niños a su alrededor.
-¡Mira, Nena-chan! ¡Un primito!
-¿Qué primito es ese?
-Uno nuevo.
-¿Y cuántos años tiene?
-Eh... ninguno.
Nena-chan respiró aliviada. En primaria el estatus se define por la edad, y un niño con cero años no supone ningún tipo de competencia para una niña de cinco.
-Ah. ¿Y cuándo es su cumpleaños?
No vaya a ser que se ponga a cumplir años ahora locamente y le tome delantera, ¿eh? Que las nuevas generaciones vienen pisando fuerte.
-Pues... bueno, hoy.
-Entonces, ¿ya tiene un año?
-Eh... no, eso no funciona exactamente así...
-¿Entonces cuántos cumple?
-Ninguno, porque ha nacido hoy.
-¡Entonces es su cumpleaños!
Si lo sé no se lo digo, pensé después de que la conversación acabara en berrinche porque al parecer no me entero NUNCA de NADA.
Al día siguiente, de camino al colegio, nos encontramos con varias de sus amiguitas, y a Nena-chan le faltó tiempo para contar la noticia.
-¡Tengo un primo NUEVO!
-¿Y cuántos años tiene?
No vaya a venir ahora un primo de seis años y nos hunda la jerarquía.
-No lo sé -contestó Nena-chan-. Acaba de nacer y todavía no le he podido preguntar.


30 octubre 2017

Halloween 2017

La vieja y malvada bruja salió una noche a dar un paseo. 
Era la noche perfecta: caía a chorros una lluvia helada y el viento, intenso y demencial, hacía inútil el uso del paraguas. 
La bruja avanzó trastabillando, unas veces hundiéndose en el barro hasta las rodillas, otras, desgarrando sus maltrechas ropas entre las zarzas. 
Zarandeada por la furia de los elementos, de pronto sintió algo en donde creía que tenía el pecho.
Es que hacía mucho tiempo que no miraba. 
¿Qué era aquello? 
Podría ser... ¿felicidad? 
Y entonces se colocó en cuclillas, y puso un huevo. 
¡Oh...!
Era la primera vez que le pasaba algo así, y se quedó bastante pasmada.
Después de observarlo con la boca  abierta durante unos minutos lo recogió con cuidado y se lo llevó a su cabaña, dónde lo observó con la boca abierta durante varios minutos más. 
¡Había puesto un huevo! 
Con él todavía en la mano, rebuscó entre los cajones de la cocina hasta dar con una espátula: hacía más de diez años que no se quitaba la blusa para nada, e iba a necesitar ayuda para separársela del cuerpo. Cuando lo consiguió, se puso el huevo donde, ahora sí, sabía que estaba su pecho y volvió a colocarse la blusa, tapándolo con una actitud que podría, en determinadas circunstancias y siendo muy optimista, parecerse al amor. 
Lo llevó ahí durante meses y meses y meses y meses y meses y meses y meses; tantos que la blusa había vuelto a fusionarse en roña con su piel. Prácticamente se había olvidado de él cuando una mañana se oyó un crack, y apareció una cabecita entre los pliegues acartonados de la tela. 
¡Un dragoncito! 
La bruja se puso muy contenta. No era su primer dragón (ya había tenido mascotas antes), pero si era la primera vez que tenía uno de un huevo propio. 
La bruja lo tomó en brazos, emitió un sonido parecido al de una bisagra oxidada, que pretendía ser un arrullo, y se dispuso a cuidarlo con todo el mimo posible, dadas las circunstancias de su chispeante personalidad: lo alimentó con gusarapos del pantano, le tejió ropita de esparto y alambre, lo bañó con ácido de batería, lo acostó entre sábanas de lija y le cantó todo el heavy metal que recordaba de su juventud, allá por 1123. 
Digámoslo ya sin rodeos: la bruja estaba chocha con su dragoncito. Le parecía que no había ser más perfecto sobre la faz de la tierra salvo, quizá, la rata topo desnuda, cuya existencia la bruja envidiaba secretamente. Bien pensado, la rata topo desnuda era un ser subterráneo, así que sí: su dragoncito era sin duda el ser más perfecto sobre la faz de la tierra. 
El dragoncito no parecía descontento con la bruja, pobrecito mío. Una tarde, mientras estaban jugando a saltar en la cama mientras hacían malabares con cuchillos, el dragoncito clavó en la bruja sus ojos vidriosos y dijo del tirón sus primeras palabras. 
-Te quiero mucho, mamá. 
La bruja dejó de saltar, impresionada. 
Quizá el maldito bicho no fuera tan perfecto, después de todo.

23 octubre 2017

El cumpleaños

Unos papás valientes se lanzaron a celebrar el segundo cumpleaños de su vástaga invitando a todos sus amiguitos de la guarde: veinte niños de entre uno y dos años.
Aquello era como la Boda Roja, solo que con nocilla.
A mí los cumpleaños de los niños me cuestan mucho, por eso de tener que relacionarme con gente y tal. Pero como tengo una venita masoquista cojo al niño correspondiente y voy a todos.
Luego normalmente me lo paso bien y eso porque al final correr detrás de un niño para quitarle la caca une mucho.
Esta vez además me alegré de haber ido porque pude observar a Bebé-kun en su habitat natural, rodeado de otros miembros de su especie, y con total libertad para comportarse como le diera en gana.
Mis observaciones:

1. Una vez que les quitas los zapatos, Bebé-kun es tan alto como cualquier de sus amiguitos. Bien por ahí.

2. En lo que respecta al ancho, abulta aproximadamente la mitad. Y diréis "bien por él", y yo también lo digo. Lo que pasa es que los niños de dos años tienen tendencia a correr sin dirección determinada hasta que chocan con algo, y cuando ese algo es Bebé-kun tiende a salir malparado. Intenté solucionarlo con una faja casera de papel de burbuja y celo y me quedó muy bien, pero al parecer con el plástico se suda más y se consigue un efecto adelgazante. Probé entonces con dos cartones de huevos, atados con cintas por arriba y por los lados al estilo de los chalecos salvavidas. Al ponérselos debajo de la camiseta, Bebé-kun parecía un jugador de rugby en pequeñito. No obstante, creo que habría sido mejor sacar los huevos antes de ponérselo.

3. Cuando está con sus amiguitos, Bebé-kun (y los otros niños) sigue ciegamente las instrucciones de cualquier adulto con uniforme que se dirija a ellos.
-A sentar -decía la monitora.
Y los niños se sentaban.
-A merendar -decía la monitora.
Y los niños merendaban.
Yo estaba extasiada mirándolos, y después de darle muchas vueltas al tema llegué a la conclusión más lógica: que le echan drogas al agua. Por eso aproveché un descuido de la monitora para beberme un vaso de agua y experimentar con sus efectos, aunque me temo que la dosis fue muy pequeña, porque no noté nada; así que me tomé otro y nada; así que me tomé otro y nada; así que me tomé otro y nada; así que me tomé otro y nada; y cuando ya llevaba treinta o cuarenta vasos me entraron unas ganas locas de hacer pis.
¡Ajá!
-Sé lo que estáis haciendo -le dije acusadoramente a una de las monitoras.

4.. No está tan claro que yo sea la peor madre del planeta. Las otras mamás también están convencidas de ser las peores madres del planeta, aunque a mí no me lo parecieron en absoluto. 
Quizá debamos organizar un campeonato mundial para decidir la cuestión de una vez por todas. 

5. Bebé-kun es súper popular.
-¿Este es Bebé-kun? -me decían las mamás-. Mi nene habla todo el rato de él.
Bebé-kun JAMÁS nos habla de sus compañeros de clase; de hecho cuando le preguntas qué ha hecho en el cole, se encoje de hombros y contesta "CON LA SEÑO". Se ve que en eso la adolescencia le ha llegado antes de tiempo.
Al final me di cuenta de que las otras mamás esperaban una afirmación similar por mi parte, así que a la enésima que me lo dijo, le contesté:
-Y el tuyo, ¿cuál es?
-Otroniño-chan.
-Aaah.
-¿Bebé-kun habla de él?
-No.
La mamá parecía decepcionada.
-Bueno, es que Bebé-kun casi no habla todavía.
Momento que Bebé-kun escogió para decir.:
-MIRA, MAMÁ, ME CAÍO. ABÚBAME. TENO PUPA. ERO SANA SANA.
-Bueno -le dije a la otra mamá-, en casa lo tenemos amordazado casi todo el rato.

16 octubre 2017

La fiesta de jubilación

Apuesto a que pensabais que hoy ya no escribía nada más. 

Vosotros no lo sabéis porque apenas he hablado del tema, pero hace un tiempo le propuse a mi padre que cuando él cumpliera 65 nos fuéramos todos juntos a Eurodisney
-Yo sé que 60 es una cifra como muy redondita y muy mona y todo eso -le dije-, pero la fecha realmente importante son los 65, que es cuando te jubilas (si tienes suerte) y empieza de verdad tu vida. 
A mi padre le gustó mucho la idea. 
Tanto, que pensó que para qué esperar a los 65 si podía celebrarlo a los 60. De hecho, si no recuerdo mal, ni siquiera esperó a su cumpleaños.
Después de eso, mi madre estaba superilusionada, porque ella cumple 60 el año que viene y ya se estaba saboreando también una fiesta de jubilación a lo grande. 
Pero mi padre tenía otros planes. 
-Lorz -me dijo-, tu madre cumple este año 59 años y estoy pensando organizarle algo especial. 
-Pero papá, ¿no habíamos dicho de esperar a que cumpliera 60?
-Sí, lo que pasa es que para los 60 ya se lo ve venir, y yo quiero darle la sorpresa ahora.
Con semejante lógica me veo celebrando mi jubilación el año que viene.   




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Hoy toca hacerme autobombo.

A partir de ahora, y mientras me aguanten, también podréis encontrarme aquí


09 octubre 2017

La camisa

Dos semanas antes de la boda.


-Oye, ZaraJota, ¿sabes qué camisa te vas a poner para la boda?
ZaraJota tenía muchas camisas, pero en los últimos, digamos, cinco años, han ido sufriendo "accidentes" con diferentes fluidos corporales humanos y pereciendo.
-Sí, sí.
-¿La tienes preparada?
-Sí.
-¿Seguro?
-Qué sí, Lorz, que sí.


Una semana antes de la boda.
-ZaraJota, saca la camisa que te vas a poner para la boda, que ya que estás planchando le doy un repasito.
-No, si ya está planchada.
-¿Seguro?
-Sí, sí. ¿Es que no te fías de mí o qué?


Un día antes de la boda.
-ZaraJota, ¿has preparado la camisa?
-Sí.
-¿Y está bien?
-Sí.
-A ver qué yo la vea... Tiene un moco pegado.
-Es la moda ahora.
-...
-Eso ha debido ser Nena-chan.
-Hombre, solo faltaría que hubieras sido tú.


Doce horas antes de la boda.
Tendiendo la camisa.


Dos horas antes de la boda.
-ZaraJota, ¿has planchado la camisa?
-¿His plinchidi li cimisi? ¿His plinchidi li cimisi?


Una hora antes de la boda.
Planchando la camisa.
Mal.


Quince minutos antes de la boda.
-Lorz...
-Mira, me da igual: ponte la p*t* camisa de una p*t* vez como p*t* esté. C*ñ*.
-Es que los pantalones se me caen y no encuentro el cinturón.
-¡Te dije que lo prepararas todo hace una semana!
-No, solo me dijiste que preparara la camisa. 
Ahora será culpa mía.