25 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 4 y ya, que estaréis deseando saber si nos cambian el horno; nosotros también

Previously in Lorz...
El cochino jabalín.


Pues veréis.
Cada vez que mis niños corrían por la calle, o saltaban en la venera, o chapoteaban en la fuente, o recorrían a pie el kilómetro y pico hasta la piscina, o, simplemente, flotaban piscina arriba, piscina abajo, siempre había un amable viej... anciano nativo que, mirándolos con una sonrisa de oreja a oreja, decía:
-¡Qué bien se lo están pasado! ¡Esta noche van a caer rendidos!
El problema, creo, es que me lo decían a mí, y los niños no se daban por enterados, y cuando llegaba la noche estaban tan frescos.
Pero yo no.
Y una noche, después de parque, piscina, venera, todo ello intercalado con mucho subir piso arriba y piso abajo, Bebé-kun no se dormía, y no se dormía, y no se dormía, y no se dormía, y no se dormía, y no se dormía y de pronto ¡plof! se durmió.
Y entonces unos niños pasaron por debajo de mi ventana gritando algo así como "marcoasensio", sea lo que sea eso.
Bebé-kun abrió un ojo y lo volvió a cerrar.
Vale, no pasa nada.
Las calles son estrechas y retumban mucho y la gente pasa hablando alto sin darse cuenta, pero ha sido un momento y ya está.
Y entonces otra vez:
-¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO!
Los niños estaban dando carreras alrededor de la manzana y gritando "marcoasensio" a todo pulmón a las mil de la noche así, porque sí, y cada vez que pasaban Bebé-kun abría el ojillo y se removía, y, la verdad, por mí como si se ponía a bailar la macarena, pero es que solo se duerme con la teta en la boca, y aquella noche ya tenía la "nita" en carne viva y no podía más.
La decimocuarta vez que pasaron gritando por debajo de mi ventana, Bebé-kun se despertó y, sorpresa, pidió teta.
Así que a la decimoquinta vuelta me asomé a la ventana y les dije a los niños muy amablemente que se fueran a gritar a su p*t* casa.
Puede, PUEDE, que en ese momento llevara una teta al viento y pelos de loca.
Lo único que puedo deciros con seguridad es que los marcoasensios desaparecieron como si les persiguiera una loca asesina, que no era el caso, porque a mí lo de matar me da como mucha pereza, y además llevaba un camisón blanco que luego se lava fatal.
Me volví a la habitación muy satisfecha de mi victoria, pero apenas me había dado tiempo a tuitearlo cuando ya tenía a los niños otra vez.
Solo que esta vez no daban vueltas, sino que se quedaban directamente debajo de mi ventana en plan serenata.
-¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO! ¡MARCOASENSIO!
La p*t*...
En cuanto oyeron que subía la persiana salieron revoleados, pero poco. Se pararon nada más doblar la esquina. JUSTO DELANTE DE MI OTRA VENTANA. Porque, por un extraño fenómeno de la naturaleza, cuando una casa hace esquina lo normal es que las dos paredes que se tocan le pertenezcan. Pero se ve que dios o te da pulmones para gritar o cerebro para pensar, y en este caso estaba claro lo que había tocado en el reparto.
Total, que se pusieron delante de la ventana de mi cocina a maquinar un plan.
-Contamos hasta diez, y cuando yo diga YA salimos todos corriendo y volvemos a gritar fuerte, ¿vale?
Estuve muy tentada de asomarme por la ventana de la cocina y decir "vale", pero es que lo mismo les daba por infartar y encima la culpa me la iba a cargar yo.
Es ese momento me planteé varias vías de actuación:
-Escupir. Idea rechazada porque eran muchos y no me iba a cundir.
-Llenar el orinal con fluidos corporales y vaciarselo encima. Idea rechazada porque no me apetecía hacer pipí.
-Usar la pistola de agua de Nena-chan para lanzarles tomate frito. Esta era la idea que más me tentaba porque iban todos de blanco y tonos pastel. Por otra parte, me daba un poco de miedo manchar las paredes de la casa de enfrente.
Al final opté por lo que me pareció más sensato. Los dejé dar un par de vueltas alrededor de la casa, y cuando ya se estaban envalentonando abrí de pronto la puerta y se encontraron conmigo de morros.
(Inciso: ya me había guardado la teta)
-¡Tú, tú, y tú! ¡Quiero hablar con vuestra madre AHORA MISMO!  -les dije.
-¿Para qué?
-¡Para intercambiar recetas, no te j*d*! ¿A vosotros os parecen horas para estar gritando por la calle? ¡En esta casa vive un bebé! ¡En esa, un anciano al que acaban de operar del corazón! ¡Y en esa otra... -lo único que recordaba de los otros vecinos es que de su casa salía un olor como a incienso, no sé si me explico-, en esa otra...!
El marcoasensio nº 1 aprovechó que yo estaba perdiendo carrerilla.
-¡Esto es el colmo! -me dijo, indignadísimo. Y se fue corriendo.
Me senté en el escalón de la entrada a esperar que volvieran. Hacía fresquito y olía a incienso y se estaba muy bien. Además, la calle hace como un embudo, y podía oír a los marcoasensios hablar con su madre.
-Mamá, ¡una señora gorda nos está diciendo COSAS!
Jopé, pensé, pues sí que les ha cundido el camino, les ha dado tiempo a hablar con otra persona y todo.
-¿Qué señora ni qué señora? -les contestó la madre-. Anda, iros a jugar a la calle y dejadme un rato tranquila.
Me da a mí que esto no va a funcionar.

* * *
Al día siguiente, cuando Nena-chan y Bebé-kun estaban jugando en la venera, aparecieron los marcoasensios e intentaron arrinconarlos, pensando, al parecer, que la media docena de adultos de alrededor no iba a hacer nada al respecto.
A saber de que experiencia vital propia habían sacado semejante conclusión.
Total, que les planté cara.
-Vosotros sois los que estabais gritando anoche, ¿no?
Los marcoasensios se quedaron callados, mirándose entre ellos, hasta que uno dice:
-Yo no, fueron este, este, y este.
De verdad, qué familia más encantadora.

* * *
Esa tarde, al fin, dí con la madre.
.¿Son tuyos los niños que gritaban ayer?
-No, los míos estuvieron todo el día en casa, no salieron a la calle hasta que empezó el partido del Madrid.
Ajá...

* * *
Cuando le conté la historia a mi padre le quitó importancia.
-Cuando el alcalde era pequeño también se venía a hacer gamberradas a nuestra casa, es prácticamente una tradición local.
Pues ya les podía dar por la castración ritual o algo.


Fin




18 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 3

Previously in Lorz...
La gente, que es muy guarra.


A los cuatro días o así de estar en el pueblo ZaraJota dijo que se iba a por tabaco y ya no lo volvimos a ver, que no es que me importe, es que se llevó el coche y en ese pueblo es todo cuesta arriba.
Casualmente, el mismo día que ZaraJota se fue apareció Hermano Mediano, que como especialista en el Camino de Santiago y en el contrabando de latas de fabada Asturiana a China tiene soluciones para todo.
-Conozco una ruta facilísima para ir andando a la piscina.
-¿Con los niños?
-Sí, sí, es facilísima.
-Vale. ¿Me llevo el carrito?
-Sí, sin problema.
-¿De verdad? Puedo llevar al niño en la mochila.
-De verdad, es totalmente niño-friendly, podemos ir con el carrito.
Y eso hicimos.
Al principio todo fue bien: el camino era un poco tosco, pero transitable, corría el agua, había moras, vimos caballos y vaquitas...
Hasta que de pronto, no sé ni cómo, estábamos en mitad del las zarzas, trepando por un pedregal, yo con Bebé-kun en brazos, Hermano Mediano con el carrito a cuestas, y Nena-chan tan pichi porque su tío le había prestado un palo de senderismo ROSA.
Ojalá me hubieran prestado a mí media docena.
Con todo, íbamos considerablemente felices.
-Mira, Nena-chan, ¡esto es una AVENTURA! -le dije.
-¡Sí!
-¡Vamos por el bosque!
-¡Como Caperusita!
-Sí... y escucha un momento... oigo pasitos... creo que... ¡nos sigue un conejito!
-¡Como el de Alisia en el País de Ramavillas!
-¿Rama...? Vale, sí, como el de Alicia, ¿lo oyes?
-Sí, ¡está supercerca!
-No grites, ¿vale? Que lo vas a asustar. Vamos a hablar bajito a ver si se acerca...
Mientras tanto, Hermano Mediano no decía nada. Pensé que se estaba concentrando en orientarse con las estrellas o en buscar agua potable o a punto de reventar o yo qué sé.
No comentó nada del conejo hasta que no llegamos a la dichosa piscina y los niños estuvieron chapoteando alegremente en el agua.
-Lorz, ¿te acuerdas del conejo que has oído antes?
-Sí.
-Pues era un jabalí.
Definitivamente esa no es la versión de Alicia que yo recuerdo.


¿Continuará?

11 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 2

Previosly in Lorz...
Tengo pipí.


Resulta que mientras en mi pueblo nos encontramos un charco y lloramos porque nunca habíamos visto tanta agua junta, en el pueblo al que habíamos ido de vacaciones había tanta agua que corría por la calle.
"Venera", lo llaman.
Tienen tanta agua que en vez de piscina municipal lo que han hecho es acortar con redes un trozo de río y hala, que corra el agua sucia pabajo, qué cloro ni qué cloro...
Eso tiene sus desventajas.
La temperatura del agua es ideal para criogenizar espermatozoides, por ejemplo.
Bebé-kun estaba encantado: se ve que en verano la leche le apetece fresquita.
Menos mal.
Porque por esos días andaba estreñido (para variar) y comía poquísimo, se debía notar molestias en la tripita o algo. De hecho, a veces decía "CACA" y se ponía en cuclillas, pero al poco se levantaba ('¡YA-TÁ!") y el pañal seguía limpito, pobrecito mío.
Por eso cuando se puso en cuclillas en el borde de la piscina y luego gritó "¡YA-TÁ!" no me preocupé demasiado.
Lo que pasa es que luego se metió en la piscina y el agua se enturbió a su alrededor.
"Será de haber estado jugando con la arena", pensé.
Pero después de haberlo remojado bien seguía enturbiando el agua a su alrededor así que al final reuní valor, eché un vistazo al pañal y tuve que admitir que no era arena sino Bebé-kun... infusionando. 
Lo tumbé en una toalla y le quité el pañal.
Oh. Dios. Mío.
Aquello era... bueno. Imaginad que tenéis una dieta tan variada como la de un adulto. Un adulto que lleve una semana comiendo platos combinados. Y que haya pasado esa misma semana sin... liberar carga. Y que cuando por fin se haya decidido a hacer bum-bum, haya remojado la... sustancia durante un buen rato.
Resumo: de pronto Bebé-kun estaba retozando en un charco marrón.
Aquello no tenía solución. Envolvimos al niño en una toalla y nos fuimos a casa a bañarlo.
-Venga, Nena-chan, cuando acabe tu hermanito te vamos a bañar a ti también.
-¡Si ya me he bañado en la pichina!
-Ya, pero el agua de la piscina no es limpia-limpia.
-¿Porque la gente hace sus cosas en el agua?
Sí, sí. La gente. 



¿Continuará?


04 septiembre 2017

Vacaciones en el pueblo, 1

Os voy a contar una historia breve de terror: 

Mi abuelo tenía una casa en la playa, y la vendió para comprarse una casa en ruinas en mitad de ninguna parte. 

Me dan escalofríos solo de pensarlo. Por eso intento no pensarlo. De hecho, por eso intento no pensar en nada, no vaya a ser que acabe pensando en lo que no debo por accidente. ¿Me seguís? Pues mal hecho. Seguir gente es acoso. Acoso malo, acoso malo. Creo que me he pasado comiendo lacasitos. 

Después de la obra no teníamos ni presupuesto ni energías para irnos de vacaciones, hasta que mi abuela dijo oye, que la casa del pueblo está ahí para quien quiera, y pensamos oye, pues lo mismo queremos, y la abuela dijo uy, uy, pues es que yo en agosto tengo muchas cosas que hacer en Madrid, así que ir vosotros ya si eso.
Y eso hicimos.
Antes de nada creo que es necesario recordaros que somos unos locos de esos que no tienen coche sino que van en transporte público a todos lados, por lo que nuestros hijos no están acostumbrados a montar en coche y no entienden el concepto ese de estar atados en una silla durante una hora, y ya no digamos dos.

En el coche con los niños (dramatización) 

Lamentablemente en casa tenemos una norma que no nos saltamos jamás: 
el que plancha elige la película, y el que conduce elige la música. 
Y ese día conducía ZaraJota, lo que en el fondo deberíais agradecer todos porque yo no tengo el carnet, y además no llego al pedal de freno.
Llevábamos apenas media hora de viaje y solo habíamos escuchado 'Let it go' unas doce veces cuando el coche empezó a pitar como un loco. 
Al principio no le di importancia porque no sería el primer cacharro que se nos suicida después de una dosis intensiva de 'Frozen', pero cambiamos la canción ('You're welcome') y seguía pitando, y ahí sí que nos empezamos a preocupar, y entonces miré para atrás y vi que Nena-chan había abierto la puerta, y que íbamos por la autovía con dos niños y una puerta abierta, y además teníamos puesto el aire acondicionado y se nos estaba escapando todo el fresquito, con la de gasolina que chupa el aire acondicionado. 
Me retorcí en el asiento sin quitarme el cinturón de seguridad (por si la policía está leyendo) y tiré de la puerta, pero se quedó de esto que ni fu ni fa. 
-¡Nena-chan! -le grité a la niña-. ¡Te podías haber caído! 
Vamos, lo que es poder, poco, porque siguiendo la normativa vigente los niños llevaban más ataduras que la tía de '50 sombras de Grey', pero bueno. 
-Pero no me he caído, ¿verdad? -me contestó la niña, y entonces me acordé de una de las anécdotas más conocidas de mi abuelo (este abuelo).


Flashback

Iban mis bisabuelos y mi abuelo en uno de esos coches antiguos que para arrancarlos había que girar una manivela. 
Vaya, que yo juraría que desaparecieron antes de que mi abuelo naciera, pero en la tradición familiar era un coche de manivela y yo no soy nadie para llevarle la contraria a la tradición familiar salvo en lo de casarse por la iglesia, bautizar a los niños y estar un poco mal de la olla. 
Los bisabuelos iban en el asiento delantero, y mi abuelo en el trasero, y en un momento del viaje decidió encenderse un piti, que ahora que lo pienso no estoy segura de que fuera un piti, porque probablemente no se había descubierto América todavía. 
Al darse cuenta mi bisabuelo le gritó "Te tengo dicho que no fumes delante de mí", a lo que mi abuelo contestó, con toda la calma: "No estoy delante, estoy detrás". 

Flashforward

La respuesta de Nena-chan me dejó ojiplática perdida, y solo se me ocurrió decirle a ZaraJota que parara en la primera gasolinera que viera para cerrar bien la puerta.
ZaraJota paró.
-¿Dónde estamos? -le pregunté.
-A 30 kilómetros de Madrid.
-No vamos a llegar en la p*t* vida.
Cerramos la puerta, arrancamos de nuevo, nos reincorporamos a la autovía y entonces...
-Mamá, tengo pipí.
-¡Si has hecho antes de salir!
-No.
-¿No te hemos dicho que hagas pipí antes de salir?
-No.
J*d*r, j*d*r, j*d*r, me van a quitar el p*t* carnet de madre...
-¿Y no puedes aguantar un poquito?
-Nooooo... me se saleeeeee...
Volvimos a parar en una gasolinera. Otra vez. Por segunda vez en una hora. Por segunda ven en cincuenta kilómetros.
Nena-chan hizo pipí. Y también hice pipí, porque sospechaba que a ZaraJota no le haría gracia parar una tercera vez.
Y después nos subimos al coche y nos reincorporamos a la autovía, otra vez.
Apenas habían pasado cinco minutos cuando...
-Mamá, tengo sed.
-Toma, agua.
-...
-¿Qué pasa? ¿Creías que me ibas a pillar? ¿Creías que tendríamos que parar otra vez? ¡Pues estabas muy equivocada! ¡MUAJAJAJA!
-Mesacaído la botella debajo de tu asiento.
-Pues te aguantas. Me da igual. No vamos a parar más. Solo tenemos quince días de vacaciones y no me gustaría pasarlos en el coche. ¿Entendido?
-...
-¿ENTENDIDO?
-Mamá...
-¿QUÉ?
-Has dispiertado al hermanito.
-¡BUAAAAAAAAAA!
La madre que parió a la...
Tres horas y media para doscientos kilómetros de autovía.
-¿Cómo es que habéis tardado tanto? -me preguntó mi padre-. ¿Habéis pillado atasco?
 Pues mira, se podría decir así.

¿Continuará?




Pd: Sé que estáis preocupados por mi horno. Todavía no hemos conseguido contactar con el instalador. Seguiremos informando.

26 agosto 2017

Que no cumple uno...

La culpa de todo la tiene la seño de #Bebekun, que amaestró al niño para que cuando alguien gritara "Enri" él respondiera "¿QUÉ?".
Entonces se me ocurrió enseñarle que si alguien decía "uno, dos..." él tenía que gritar con todas sus fuerzas "¡TRES!".
Pronto se volvió plenamente autónomo y empezó a gritar por su cuenta "TATETÍ... ¡TEEEES! ¡BEEEEEEN!". Y después se aplaudía, porque no tiene ni idea de lo que dice, pero la autoestima la tiene estupenda.
Entonces pensé que podía enseñarle a responder "¡uno!" y levantar el índice cuando le preguntaban "¿Cuántos añitos tienes?".
A las viejas del autobús las volvía locas, así que todos los días repetíamos el número.
-¡Enri...!
-¿QUÉ?
-¿Cuántos añitos tienes?
-¡UBO!
-Uno, dos y...
-¡TEEEES! ¡BEEEEEEN! [autoaplauso]
Todo iba bien hasta que me di cuenta de que Bebekun estaba a punto de cumplir dos años.
Así, de casualidad.
No es que haya estado contando los días para destetarlo ni nada parecido.
El número se nos quedaba anticuado, así que le dije:
-Oye, Bebe-kun, este domingo vas a cumplir dos añitos, así que a partir de ahora cuando alguien te pregunte cuántos añitos tienes, tienes que contestar "DOS" y levantar dos deditos, así, ¿vale?
-VALE.
-Yo digo "¿cuántos añitos tienes?" y tú dices "DOS", ¿entendido?
-TÍ.
-Muy bien, probemos: hola guapo, ¿cuántos añitos tienes?
-¡UNO!
-¡Nooooo! ¡Dos!
-¡Y TEEEES! ¡BEEEEEEN!
Ahora me diréis que me lo he buscado yo solita.

21 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 10 y ya que estaréis hartos

Previously in Lorz...
En agosto, frío en el rostro. Porque lo que es calor, tal y como está el horno, poquito. 


Además de pintar, intercambiar las habitaciones, modificar la instalación eléctrica y de fontanería de la cocina y poner muebles de cocina pensamos que, por si nos aburríamos, también podíamos poner un aparato de filtrado de aire muy chulo que además quita humedades y que es lo más en la vida.
El técnico nos dijo que tendría que hacer un agujero en la pared para que entrara el aire y eso.
-Pero a ver -le dije-. ¿Un agujero muy grande?
-No, no, pequeño.
-Ah, vale.
Al día siguiente ZaraJota me mandó un whatsapp.
"Tengo una noticia buena y una mala"
"¿La buena es que has comprado helado y la mala es que es de turrón?"
"No. La buena es que ya está aquí el técnico y ha empezado a trabajar"
"Chachi. ¿Y la mala?"
"..."

Pues menos mal que el agujero era pequeño, que si llega a ser grande nos hunde el edificio.


Fin.


14 agosto 2017

La cocina del infierno, parte 9

Previously in Lorz...
Al que madruga dios lo deja tirado en Puerta de Toledo con una niña inconsciente y sin haber desayunado. 


Entretanto, en el maravilloso mundo de la cocina, nos habían dicho que los muebles tardarían veinte días, así que en cuanto el electricista terminó pensamos, oye, pues este finde pintamos la cocina.
Mandé a ZaraJota a comprar la pintura con Nena-chan porque lo que es yo por las tardes bastante tengo con dar teta.
-¿Cuánta pintura compro? -me preguntó.
-No sé, dile al señor de la tienda, que seguro que sabe.
Y tanto que sabe, el de la tienda, porque ZaraJota volvió con un bote de cincuenta litros de pintura.
-¿Pero dónde vas con eso?
-A pintar la cocina.
-¿La nuestra y la de cuántos más?
-No sé, es que no quería quedarme corto.
-Ay, ay... bueno, pues ya que estamos pintamos el piso, que hace por lo menos un año que no lo pintamos entero y me están entrando como picores...
Y entonces se me ocurrió que ya que teníamos que vaciar las habitaciones al completo, podíamos aprovechar y hacer un cambio: que los nenes se quedaran con la habitación grande, y nosotros con la pequeña.
-Total, nosotros solo usamos el dormitorio para dormir, y la mitad de noches ni siquiera eso.
Así que vaciamos los dos dormitorios al completo (algunos muebles hubo que desmontarlos) y los amontonamos en el salón durante un par de días, aunque ahora mismo no me acuerdo de por qué, no tiene ningún sentido que no los colocáramos de inmediato, aunque por otra parte nos pega mogollón.
Pues debía ser algo así como un lunes a las seis de la tarde y teníamos el salón como el nido de un hámster cuando nos llamaron los de los muebles de cocina.
-Que mañana a las nueve de la mañana vamos a hacer la instalación.
-¿QUE QUÉ?
-Mañana, a las nueve de la mañana...
-¡Nos dijeron veinte días!
-¡Sí! Qué suerte, ¿eh?
-¡Y son las seis de la tarde! ¡No podemos pedirnos el día libre así, a estas horas y de un día para el otro! ¿No puede ser pasado?
-Uf, imposible... si no es hoy no puede ser ya hasta agosto.
-¡Pero si es cuatro de julio!
-Ya le digo, el próximo hueco en la agenda del instalador es en agosto.
-Bueno, adelante, ya nos apañaremos.
Empezamos a vaciar los muebles de la (ex) cocina a toda prisa, metiendo las cosas en bolsas de cualquier manera y amontonándolas sobre los muebles acumulados en el salón como buenamente podíamos porque total, el Apocalipsis había llegado y qué más daba ya todo.
-Bueno, Lorz -me decía ZaraJota, que a veces parece hasta sensato-, es una paliza, pero ya mañana terminamos con todo, y se acabó.
Y yo le decía sí, sí, muy bien todo, Apocalipsis.
Pero ZaraJota tenía razón: al día siguiente nos trajeron la cocina, y esa misma noche el ayuntamiento recogió los muebles viejos, y el fin de semana colocamos el resto, y cuando por fin estuvo todo en su sitio estrenamos la cocina a lo grande, haciendo pizza.
Vale, no tan a lo grande. Después la obra teníamos el presupuesto un poco perjudicado.
Encendí el horno y esperé pacientemente a que precalentara.
Vale, no, no esperé.
Porque no tengo paciencia y porque nada más encenderlo empezó a oler a quemado.
-¡Lorz! -gritó ZaraJota. Por costumbre, más que nada.
-¡Que esta vez no he sido yo! ¡Que no he hecho nada!
-¿Y por qué huele a quemado?
-¡Yocosé de la vida!
Apagamos el horno y lo inspeccionamos cuidadosamente.
Bueno, en realidad ZaraJota lo inspeccionó cuidadosamente mientras yo gritaba y corría en círculos a su alrededor agitando los bracitos.
Que hay que explicarlo todo.
-Vale -dijo al final- hay una pegatina de plástico que tenemos que quitar antes de encenderlo, pero no puedo quitarla, voy a tener que desmontarlo.
-¡Mi horno! ¡Mi precioso horno!
-Es solo sacarlo de ahí, Lorz...
ZaraJota es que se cree muy listo solo porque hizo la instalación de toda la cocina anterior. Y del baño. Y sabe programar el vídeo.
En el caso de que alguien tenga todavía uno.
Sacó el horno con mucho cuidado y se quedó pasmado mirándolo.
-¿Qué pasa? -le pregunté, porque tenemos las tareas de casa divididas y normalmente la que se pasma soy yo.
-Mira.


-¡H*s*t** p*t*! ¿Lo has roto?
-¡No! Estaba así cuando lo he sacado.
-¿Así?


-Así.
-Ay, ay, mi horno presuntamente nuevo.
-No te preocupes, voy a llamar a ver qué me dicen.
ZaraJota llamó al instalador y le dijo que el horno estaba roto.
-Pues yo no he notado nada raro, pero bueno, si quiere se lo cambio.
-Hombre, pues sí.
-Vale, pues la semana que viene lo tiene.
Pero la semana siguiente no lo tuvimos, así que volvimos a reclamar, y nos dijeron que sí, que sí, que la semana siguiente lo tendríamos, pero no lo tuvimos, así que la semana siguiente lo volvimos a reclamar, y así hasta que de pronto había pasado un mes y seguíamos con el horno así.



(Bueno, así no, lo volvimos a colocar en su sitio, pero la chapa seguía igual).
Así que al final ZaraJota dijo que a la m**rd* todo, que nos íbamos a la tienda a montar un pollo, y yo me puse muy contenta hasta que me explicó que era una forma de hablar y que no había ningún pollo implicado, y yo le dije que vale, que me daba igual que fuera otro animal, que yo no soy especista de esos, y entonces ZaraJota me dijo que mejor iba yo sola a la tienda, porque la mejor defensa es un buen ataque y yo soy un arma de destrucción mental masiva.
Total que me planté en la tienda y me la encontré cerrada y con un cartel en la puerta.

CERRADO POR VACACIONES
DURANTE EL MES DE AGOSTO

Ahora entiendo por qué el instalador tenía un hueco en su agenda.


Continuará...