28 octubre 2016

Halloween 2016

Había una vez una bruja
que se llamaba Tocomojo.
Estaba detrás de un matojo,
puso los pies en remojo,
le entró agua en un ojo
y se le puso muy rojo.
-¡Buaaaaa! -gritó Tocomojo.
Pasaba por allí un gorgojo,
y aunque era cojo
y un poco flojo
le dio pena Tocomojo.
Y le dijo:
-¿Que te pasa, Tocomojo?
-¡Que estaba detrás de un matojo,
he puesto los pies en remojo,
me ha entrado agua en el ojo
y se me ha puesto muy rojo!
Y le respondió el gorgojo:
-¡No llores, Tocomojo,
que yo te soplo en el ojo!
¡Fffffffffffiiii!
Y así fue como el gorgojo
ayudó a Tocomojo
a que no le picara el ojo.
-Gracias -dijo Tocomojo-
por soplarme en el ojo
con tanto arrojo,
¡no está mal para ser cojo
y un poco flojo,
gorgojo!



Este cuento ha sido un éxito instantáneo; tanto, que ya han hecho la película:

video










27 octubre 2016

Los cuentos del autobús

Esto ya lo he contado en twitter; fologüers, os lo podéis saltar.

Íbamos un día Nena-chan y yo en el autobús camino del colegio cuando la niña puso cara de estar maquinando y me hice pis del susto. 
-Mamá, ¿me cuentas un cuento de autobús? -me dijo. 
-Claro. Había una vez... 
-No lo hases bien. Déjame a mí. 

Había una ves un mostro mu malo mu malo mu malo, que le gustaba comer NIÑOS y NIÑAS. 
Un día le disió la mamá suya: "¡Mostro, vete a buscar NIÑOS y NIÑAS para comer!".
Y el mostro disió "vale" y se fue. Y el mostro buscó un NIÑO y una NIÑA y un PAPÁ y una MAMÁ y un ABUELO y una ABUELA y se los llevó a su mamá. 
"Mira lo que he traído", le disió a su mamá. Y su mamá los cosinó y se los comieron todos juntos. 

Fin. 

¿Ves cómo se hase, mamá? Ahora cuenta tú uno. 
-Vale. 

Había una vez un monstruo que no se comía la fruta que su mamá le ponía para el recreo. 

Qué monstruo tan malo, ¿verdad, Nena-chan?

Un día su mamá le dijo: "Tienes que comer fruta, porque los NIÑOS y las NIÑAS son muy correosos, y la fruta te ayudará a hacer la digestión". 
El monstruo le hizo caso a su mamá, y se tomó una naranja después de comerse a un NIÑO y a una NIÑA, y después hizo caca estupendamente. 

Fin. 

¿Te ha gustado?
-No. 

Pero Nena-chan cree en las segundas oportunidades, y al día siguiente me volvió a pedir un cuento de autobús. 
-No, que luego te ríes de mí. 
-Jooooo... porfiiiii...
-Vale. 

Había una vez una niña que se llamaba Campurriana de Todos los Santos y de Dios es Cristo...

-Jajaja, mamá, ¡cuánta tontería tienes encima! 

Tendré mucha tontería encima, pero al día siguiente volvió a pedirme otro cuento de autobús. 
-Pero que sea de una princhesa que se llame Almudena -se ve que Nena-chan ya no quería correr ningún riesgo. 
-Vale. 

Había una vez una princesa que se llamaba Almudena. Un día, todas sus amigas princesas se presentaron por sorpresa a hacerle una visita. 
-Uy, que sorpresa -dijo Almudena-. ¿Queréis merendar?
-¡Sí, sí! 
-Pues a ver qué tengo en la alacena... Tengo chuches, pasteles y zanahorias. ¿Qué preferís?

Nena-chan, ¿qué crees que querían merendar las princesas?
-Zanahorias -contestó Nena-chan poniendo los ojos en blanco. 

-¡Zanahorias! -gritaron las princesas. 
Y se comieron todas las zanahorias para merendar. ¡No dejaron ni una sola! 

-Mamá, ¿se las comieron todas?
-Todas, todas, Nena-chan. No dejaron ni una. 
-Entonses yo miriendo los pasteles.
Si lo sé no digo nada. 


22 octubre 2016

Las vacaciones del horror, 8 y ya

Previously in Lorz...
Eze era el penurtimo capítulo, y ara er úrtimo, shiquillooo.


Las vacaciones en El Puerto nos sentaron muy bien a todos... al menos estadísticamente hablando. Es decir, que a mí me sentaron muy bien y a los niños le sentaron muy bien y la Tita del Puerto dice que le sentaron muy bien, pero lleva en rehabilitación desde entonces. Aunque por otra parte técnicamente ella no estaba de vacaciones, así que no sé de qué se queja, jo, es que aquí tiene que opinar todo el mundo o qué.
El caso es que después de todo el trajín con los niños para arriba y para abajo llegué a Madrid con aproximadamente doscientos kilos de ropa sucia y absolutamente agotada.
Agotada yo, no la ropa. ¿La ropa se agota? Supongo que sí, ¿no? Cuando no queda más en las tiendas y tal. 
-Menos mal que ahora tenemos unos días para descansar antes de que empiece el colegio de verdad -le dije a ZaraJota.
-El colegio empieza esta semana.
-¿QUE QUÉ?
-El jueves.
-Ayayayayayayay...
Es una verdad universalmente conocida que el último sábado antes de que empiece el curso es el Día Internacional de Equipar a los Niños Para el Cole.
No importa que tu hijo sea el último de dieciséis primos y que hasta los piojos los vaya a llevar de segunda mano: el último sábado de vacaciones toca preparar esos libros que en cualquier caso no van ni a tocar hasta octubre; y la ropa de invierno, abrigo incluido, aunque todavía queden dos semanas de verano y Madrid siga por encima de los 30º.
Y esto es así por una razón muy sencilla: de no hacerlo, sería el fin del universo. Y punto.
De hecho, conozco varios casos de madres que han intentado comprar un abrigo infantil en, digamos, diciembre, y han sido abucheadas en plaza del pueblo al grito de "¡Haberlo comprao en septiembre, so loca!" mientras les tiraban higos, con lo que manchan los higos y lo mal que sale la mancha después.
Aunque si dejas la mancha de higo, pasado un tiempo se transforma en mancha de breva. 
Pero ZaraJota era optimista.
-Está haciendo un tiempo estupendo, seguro que nos podemos apañar una semana más.
Y acto seguido bajaron las temperaturas.
No os acordaréis porque os hablo de la primera semana de septiembre y después de eso hemos tenido otro mes de calor, pero de verdad refrescó muchísimo.
Por suerte a Nena-chan le valía la ropa del año anterior y estaba toda a mano porque, ejem, todavía no había encontrado el momento de guardarla para el verano.
Lo sé, soy lo peor. 
Pero a Bebé-kun no le valía nada del año anterior porque, bueno, solo tiene un año. No hay mucho más anterior. Saqué la ropita de Nena-chan, pero... eh... digamos que Nena-chan era... ¿cómo decirlo? Ligeramente más robusta.
Tres papadas. Cuando Nena-chan era Bebé-chan tenía tres papadas, una sobre la otra. Y el resto del cuerpo estaba en proporción. 
Por el contrario Bebé-kun es más del estilo... ¿cómo lo definiría yo...?, con menos carne que el tobillo de un canario. Es tan delgado que esta navidad no necesito la botella de anís del mono: puedo acompañar los villancicos rascándole las costillas.
Pero, al mismo tiempo, es cinco centímetros más alto que su hermana a la misma edad, así que los pantalones que le estaban bien de ancho le quedaban cortos, y los que le quedaban bien de largo había que atárselos a la cintura con una cuerda.
O con un cinturón. Lo que pasa es que con un cinturón da menos pena y no puede vender cerillas. 
En cualquier caso daba igual, porque toda la ropa olía a guardado y había que lavarla antes de ponérsela, y la lavadora ya estaba a pleno rendimiento con todo lo que habíamos traído de la playa, y además mi tendedero es muy pequeños y, y, y...
El apocalipsis. El fruto apocalipsis. 
El primer día de cole le puse a Bebé-kun los últimos pantalones decentes limpios y acto seguido se los manchó. Entonces tuve que recurrir a una medida desesperada:
le puse un pijama.
Ya está, ya lo he dicho. 
Pero, esperad, que hay más:
Llevé al nano a la guardería y cuando le estaba quitando la chaqueta vi que tenía un ENORME agujero ENORME en mitad de la camiseta del pijama.
ENORME.
AGUJERO.
ENORME.

Me dio tanta vergüenza que solté al niño y salí corriendo y agitando los bracitos y entonces oí que me llamaban y vi que me había vuelto a equivocar y había dejado al niño en la panadería y lo recogí y esta vez sí lo llevé a la guarde y lo lancé por la ventana y salí corriendo otra vez y todo sin parar de agitar los bracitos así que me imagino que llevaba al niño agarrado con los dientes, tipo gatito.
En cuanto llegué al trabajo llamé a ZaraJota.
-¿Puedes recoger tú hoy a Bebé-kun?
-¿Qué has hecho esta vez?
-Nada, nada, es que tengo mucho trabajo y voy a salir tarde.
-A mí no me engañas. Quiero un justificante del trabajo. Uno de verdad, no como el último.
-¡Era de verdad!
-¡Estaba escrito con ketchup en una servilleta del vips!
-¿Y...?
Al final ZaraJota accedió a recoger al niño. Para ser más exactos, me escondí dentro de un contenedor de vidrio hasta que llegó la hora de recoger al niño y a ZaraJota no le quedó más remedio que ir.
Cuando llegué a casa, me encontré una bolsa de ropa perfectamente limpia, doblada y de la talla de Bebé-kun.
-¿Y esto? -le pregunté a ZaraJota.
-Nos la ha dado la seño de la guardería.
-Anda, ¿y eso?
-No sé, Lorz, a lo mejor es porque has llevado al niño a la guarde con un pijama roto.
Pues mira, sí, es una posibilidad.



Fin


Pd1: Bebé-kun ya tiene ropa... y un par de tirantes.
Pd2: Por favor decidme que no soy la única a la que le pasan estas cosas. POR FAVOR.


 

16 octubre 2016

Las vacaciones del horror, 7

Nena-chan anda por aquí pulsando botones al azar, por lo que es altamente probable que estés leyendo un borrador sin terminar que la nena haya publicado porque ella lo vale.


Previously in Lorz...
Apuesto a que vuestras propias vacaciones no se os hacen tan largas.

Bueno. Pues aparte de todo lo anterior, nos pasaron más cosas.
Por ejemplo, durante un tiempo tuve un segundo trabajo. Que era muy temporal y muy a mi rollo y muy a mi gusto, no es que me queje. Fue divertido mientras duró.
También escribí medio libro, que he depositado cuidadosamente en mi pila de libros medio escritos, que ya es bastante más grande que la pila de libros totalmente escritos, formada actualmente por un único título.
Empezamos a grabar un corto, que sigue en producción, con fecha estimada de fin de rodaje verano 2017 y estreno estimado en septiembre de 2017 (o no).
Durante aproximadamente diez días no tuvimos ni vacaciones ni guardería ni campamento y los niños se quedaron por la mañana con los abuelos, con todos los ires y venires que eso implica.
En algún momento Nena-chan se puso enferma, con anginas, y pasó días y días con mucha fiebre y dolor en "la boca de atrás".
Y todo así.
Para finales de agosto yo me sentía tan cansada y tan deprimida que cuando vi en el calendario que tenía apuntados cuatro días más de vacaciones, ya para principios de septiembre, me eché a llorar.
-Tengo cuatro días de vacaciones y me voy a la playa -le anuncié a ZaraJota.
-Te recuerdo que esos días te los pediste para la adaptación de los niños.
Mierdaaaaaaaa... la adaptación. No me acordaba: en la guarde no empiezan con la jornada completa desde el primer día, sino que el primer día van una hora, el siguiente dos, y así se supone que la vuelta al cole es menos traumática, aunque no queda claro menos traumática para quién.
Medité el asunto cuidadosamente durante al menos diez segundos.
-Nena-chan ya está más que adaptada -le dije a ZaraJota-, y Bebé-kun no va a adaptarse hagamos lo que hagamos.
Y acto seguido cogí a los niños y salí corriendo y agitando los bracitos.
Sin pensarlo dos veces, me autoinvité a la casa de la Tita del Puerto nos ofreció amablemente su casa.
Solo puso una condición: que yo no hiciera el viaje sola con los niños, o, por lo menos, que solicitara el servicio Atendo de Renfe, ya que iba yo sola con las dos criaturas, el carrito y todo el equipaje.
Admito que me daba una pereza terrible tener que interactuar con otros seres humanos a las ocho de la mañana, y que incluso pensé en decirle que lo había solicitado, pero al final me pudo el cansancio vital y lo solicité de verdad.
A fin de cuentas, ni siquiera yo estoy tan loca como para despreciar un poquito de ayuda.
La cosa fue así:
Pedimos un taxi que nos recogió en la puerta de casa y que nos soltó en Atocha, despidiéndose con la frase "la oficina de Atendo está nada más pasar la puerta, no tiene pérdida".
Efectivamente la oficina estaba nada más pasar la puerta, pero estaba cerrada, y habían puesto un aviso de "hay otra en el invernadero, gracias".
Los niños, el carrito, la maleta y yo bajamos hasta el invernadero, que total, son solo tres pisos. Después recorrimos el invernadero hasta dar con Información, y después, siguiendo las indicaciones, la oficina de Atendo.
Y una vez allí nos dijeron que esperáramos "a ver si hay alguien disponible".
Nos sentamos y esperamos, y esperamos, y esperamos, y esperamos y cuando nuestro alvia empezó a embarcar y yo estaba empezando a plantearme que estaba haciendo el gilimonguer apareció mi atendo particular.
-A ver, ¿quién ha solicitado ayuda para un carrito de bebé?
-¡Yo! ¡Yo!
-Bueno, pues le informo: nosotros solo estamos autorizados a subir el carrito de bebé, así que usted tendrá que empujarlo hasta el andén.
En ese momento el carrito iba vacío, y yo llevaba a Bebé-kun colgado, a Nena-chan en una mano y la maleta en la otra, y no veía cómo narices iba a empujar el carrito hasta el tren.
-Estooo...
-Lo que sí puedo hacer es llevarle la maleta.
El suspiro de alivio se debió oír en la estación orbital B-345.
Quedaban unos veinte minutos para que saliera el alvia, así que el señor atendo agarró la maleta y salió disparado mientras yo le seguía a duras penas con el carro y los dos niños, escuchando los alegres apelativos que nos dirigía el resto de viajeros mientras nos colábamos sucesivamente en el control de equipajes, de billetes y la cola para el ascensor.
Cuando compré los billetes puse mucho cuidado en elegir los asientos cerca de una puerta, pero cuando llegamos a la puerta en cuestión había un amogollonamiento de gente, así que entramos por la otra, el señor atendo me colocó el carrito debajo de un asiento, los equipajes en el portaequipajes y me dijo:
-Sus asientos son justo los del otro extremos. Adiós.
-¡Un momento! ¡Un momento! He pedido atendo también para el destino, ¿vendrán a buscarme o cómo?
-Uf, ni idea, pero yo no me fiaría mucho, porque depende de la disponibilidad, y en las estaciones pequeñas solo suele haber una persona; con que solicite el servicio un solo viajero más ya no podrán atenderte.
Y sonriendo ante tan alegre perspectiva se bajó del tren.
Efectivamente, los asientos estaban en el otro extremo del vagón.
Fui allí y acomodé a los niños, y entonces empecé a pensar, que lo mismo fue ese mi error, no digo yo que no, que había muchas posibilidades de que al llegar no hubiera nadie para ayudarme, y que seguramente los niños ya estarían nerviosos, y que todo el equipaje estaba en la otra punta...
-Cántale los cinco lobitos al hermanito lo más alto que puedas -le dije a Nena-chan-, que mamá viene ahora mismo.
Dejé a los niños solos y fui a por el equipaje con la cantinela de los cinco lobitos de fondo, pero en cuanto me perdieron de vista los niños dejaron de cantar y empezaron a llorar.
-¡Estoy aquí! ¡Ya voy! ¡CIN-CO LO-BI-TOOOOOOOOS...! -les empecé a berrear mientras intentaba sacar el carrito de debajo del asiento, en la otra punta del vagón. Lo saqué y lo arrastré hasta nuestro lado, y lo metí debajo del asiento-. Voy a por la maleta, ¿vale? Vuelvo enseguida.
-¡Nooooooooooo! ¡No te vayas!
-Mira, la tablet.
Con Nena-chan neutralizada, me fui de nuevo a por la maleta, pero de alguna forma Bebé-kun había conseguido bajarse del asiento, y venía hacia mí gateando por el pasillo.
-¡¡¡NOOOOOO!!! ¡¡¡QUE LA MOQUETA ESTÁ MU GUARRAAAAAA!!!
Cogí al niño en brazos. Cogí la maleta. Volví a nuestro sitio y coloqué al niño en el portaequipajes y la maleta en el asiento. O al revés, yo que sé.
-¡¡¡BUAAAAAAA!!!
Volví a coger al niño, me fui al otro lado del vagón, recogí el bolso cambiador, volví a nuestro sitio. El alvia todavía no había arrancado y yo ya estaba hecha polvo.
-Ahora mamá descansa un poquito, ¿vale?
-Vale -dijo automáticamente Nena-chan, enfrascada en la tablet.
-¿Teta-tetita? -dijo Bebé-kun.
Suspiré.
-Teta-tetita.
A partir de ahí todo fue a mejor, incluso nos apañamos para ir a la cafetería y hacer pis. No en la cafetería. O sea, fuimos a la cafetería y después, en otro momento y lugar (probablemente en el baño, aunque tampoco podría jurarlo), hicimos pis.
Cuando por fin llegamos a nuestro destino me encontré en la tesitura de no saber qué c*ñ* hacer.
¿Vendrían a ayudarme?
¿No vendrían?
¿Y si venían y me decían que solo estaban para bajar el carro?
¿Y si no venían y el alvia seguía su camino y acabábamos en San Fernando, o peor, en Jerez?
Ante la duda, saqué el carrito, lo desplegué, subí a un niño, le colgué un bolso. Arrastré el carrito, a la niña y la maleta hasta la puerta.
-Ahora mamá va a bajar al hermanito, pero enseguida volverá a por ti. ¿Me esperas aquí?
-¡¡¡NOOOOOOO!!! ¡¡¡NO ME DEJES CHOOOOOOOLAAAAAAA!!!
-Vuelvo a por ti enseguida, ¿vale? ¡¡¡CINCO LOBIIIIIITOOOOOS...!
Bajé a Bebé-kun al andén y volví al tren a por Nena-chan, pero pensé que era muy peligroso dejarla sola en el andén mientras volvía a por la maleta, así que bajé primero la maleta.
-¡¡¡BUAAAAAAA!!! ¡¡¡NOOOOOO!!! ¡¡¡MAMÁ!!! ¡¡¡NO ME DEJES CHOLA OTRA VEEEEZ!!!
-¡¡¡...TIENE LA LOOOOOO-BAAAAA!!!
Bajé a Nena-chan justo cuando el alvia cerraba las puertas. Calmé a Nena-chan. Calmé a Bebé-kun. Reorganicé a los niños y al equipaje para llevarlo todo usando un número limitado de manos (dos). Me arrastré penosamente por el andén con todo el conjunto. Y cuando ya iba a entrar a la estación, se me acercó un señor atendo.
Despacito, ¿eh? Que hacía mucho calor y tal.
-¿Zeñora? ¿Uhté había zolizitao ayuda palleváh er shiquillooo?
-Zí, zí... ¿qué c*ñ* estoy haciendo? Sí, sí.
-¿Y por qué no zahperao a que yo llegaraaaa?
Porque ehtaría ya en Zan Fernando, shiquillooo.




Continuará...







Disclaimer: Nada más lejos de mi intención insinuar que los andaluces son vagos, flojos o huancohones. Me limito a contar lo que pasó. A la vuelta me pasó exactamente lo contrario: en El Puerto nos atendieron (jijiji, ¿lo pilláis?) perfectamente mientras que en Madrid no se presentó nadie a ayudarnos. La vida es "azí".

08 octubre 2016

Las vacaciones del horror, 6

Previously in Lorz...
This olla is on fireeeeee!!!

Un día me fui al ambulatorio a ver los resultados de las pruebas de Bebé-kun y ya no estaba su pediatra ni el pediatra suplente sino otro (¿el suplente del suplente? voy a tener que empezar a ponerles códigos de barras).
-El niño está bajo de hierro -me dijo-. ¿Sabes lo que significa eso?
-Que es inmune a los poderes de Magneto.
-No. Significa que no es celiaco -o celíaco. Todavía no he decidido si quiero decirlo con acento o no. CeliAAAAAco. CeLÍÍÍÍÍÍÍÍaco... No sé, no lo acabo de ver-. A este niño lo que le pasa es que le das mucha teta.
-¿Per-do-naaa?
-Te lo explico. El hierro es lo único que la leche materna no es capaz de suministrar, luego si está bajo de hierro, el problema es que le estás dando demasiada teta.
En este momento tendría que haber dicho otra vez
-¿Per-do-naaa?
Pero en vez de eso dije
-Ya, es que no le gusta la leche normal.
Siendo "normal" un polvo con aroma a vainilla fabricado a partir de presunta leche de vaca. De cualquier vaca. Lo mismo es una vaca que ni conocemos ni nada, vete a saber.
-No, no, no. Leche no. Lo que tiene que hacer es comer. Y claro, como le das el pecho no come.
-Sí come.
-Aquí tengo una anotación que dice que no come, y luego pide pecho cada dos horas.
-Porque A VECES se tira días sin comer. Por el estreñimiento.
El niño tiene dificultades para evacuar. Y, por decirlo finamente, la capacidad de almacenamiento de un cuerpo tan pequeño es muy limitada.
-Claro, no come porque le das mucho pecho. Y luego que si no engorda.
-A veces no come y ENTONCES le doy mucho pecho. Pero el verdadero problema es que otras veces come perfectamente y ADEMÁS sigue pidiendo pecho y A PESAR DE ESO no hace peso.
-Por que no deberías darle el pecho.
-¡Que si no le doy el pecho se me muere!
-Pues entonces lo que tienes que hacer es darle PRIMERO de comer y DESPUÉS ofrecerle el pecho.
-¡QUE ESO ES LO QUE HAGOOOO!
-¡PUES AQUÍ PONE QUE LE DAS EL PECHO CADA DOS HORAAAAAS!
-A ver. El niño va a la guardería de 9 a 17. En ese tiempo, hace tres comidas completas. Sin teta. Nada de teta. ¡NO HAY TETA! Para ser justos, las cuidadoras SÍ tienen tetas. Pero no las comparten, así que es como si no las tuvieran. Y en cuanto yo llego se me aferra, y pide teta. Y la vuelve a pedir cada dos horas. Día y noche. Desde hace seis meses. Y aún así no hace peso.
-Claro, porque la teta no le nutre...
El asombroso caso de la teta light.
-... y además le quita las ganas de comer...
No como tener atravesado un ñordo de dos semanas, que eso abre el apetito de toda la vida.
-...lo que tienes que hacer es darle leche de fórmula...
Una vez más tenía que haberle dicho
-¿Per-do-naaa?
Así que la leche materna le llena y le quita el apetito, y la leche de fórmula no. Será de fórmula multiplícate por cero y divídete por dos...
Pero antes de que pudiera protestar, el pediatra dijo:
-...justo aquí tengo unos folletos de una marca buenísima...
Ajá. Qué casualidad, ¿eh?, que alguien, de forma totalmente desinteresada, le hubiera dado al pediatra esos folletos, y que el pediatra a su vez, y también de forma totalmente desinteresada, pudiera recomendarme esa marca a mí cómo la única solución a lo que sea que le esté pasando a Bebé-kun, que no lo tenemos claro.
Menuda suerte la mía.
Me sentía tan agradecida por ese regalo del destino que le dije que sí a todo y me fui.
Por la noche llamé a mi madre.
-¿Qué te ha dicho el pediatra? -preguntó.
-Que tengo que destetar al niño porque tiene los niveles de hierro bajos.
-Menuda tontería. Eso le viene de familia. Tu hermano, por ejemplo, ha tenido anemia toda su vida.
Uy, uy, que me da que voy a tener que destetarlo también.





Advertencia legal: si padece usted anemia o alguna otra carencia de hierro es posible que esté siendo amamantado inadvertidamente. 
Si usted NO solicitó el mencionado servicio, o SÍ lo solicitó pero desea cancelar su suscripción, envíe un correo a lorzagirl@gmail.com
indicando claramente en el asunto "soy un mamón y no lo sabía". 






Pd: Como sé que os gustan los finales felices, pasados unos días volví al pediatra suplente del suplente del suplente del suplente del suplente del suplen... ¿me he pasado con los suplentes? y me dijo que había cambiado de opinión.
-¿Y eso?
-Es que me he leído el expediente.
Ah, sí, a veces eso ayuda.