22 enero 2018

Jacinta

Hoy estoy muy cansada y no tengo ganas de contaros mi vida; mejor os cuento un cuento.




Había una vez una niña que se llamaba Cuchufleta María Centolla Rebelde Frufrú, pero todo el mundo la llamaba Jacinta porque es que en los pueblos son así.
Jacinta vivía en un pueblo tan pequeño tan pequeño tan pequeño tan pequeño que cada vez que estornudaba el trasero se le salía del término municipal; por eso Jacinta intentaba no estornudar de noche, porque si lo hacía su madre le gritaba que qué estaba haciendo en el campo a esas horas. Con la helada que está cayendo, chiquilla, y tú en pijama.
Un día la madre de Jacinta la mandó a comprar el pan.
Obviamente el pan se compraba en el pueblo de al lado, porque los hornos suelen ser muy grandes y en el pueblo de Jacinta no cabía ninguno, y además el alcalde estaba a dieta y no podía ser.
Jacinta tenía de obediente lo que un zapato de sabroso, pero le gustaba el pan, así que obedeció a su madre de inmediato. Salió del pueblo y empezó a andar hacia el pueblo de al lado mientras cantaba una canción que se le había pegado de Kiss FM.
El pueblo de al lado no estaba lejos, porque como su propio nombre indica estaba al lado.
A unos cinco metros o así.
Lo que pasa es que la gente de los pueblos está acostumbrada a las distancias cortas y cualquier cosa se les hace un mundo, que parece que les cobraran por pasos o algo.
Jacinta entró a la panadería y descubrió con desesperación que había por lo menos tres personas más esperando para comprar el pan.
Estaba claro que iba a perder toda la mañana con aquello, bufó para sus adentros, mientras miraba de reojo si podía sentarse en algún lado. El panadero, en previsión a las multitudes que solían agolparse en su tienda, había puesto dos sillas de plástico, pero por supuesto estaban ocupadas.
Jacinta maldijo su suerte mientras observaba al primer parroquiano pedir el pan.
-Una barra.
-Son cincuenta céntimos.
-Aquí tiene. Gracias, hasta luego.
-Gracias, hasta luego.
El segundo parroquiano se levantó de la silla y se aproximó al mostrador.
Jacinta volvió a bufar.
-Una barra -dijo el parroquiano.
-Cincuenta céntimos.
-Hasta luego.
Jacinta empezó a dar saltitos, cambiando su peso de un pie al otro.
¿Es que esto no se acababa nunca?
-Una barra -dijo el tercer parroquiano, levantándose de su silla.
-Cincuenta céntimos.
-Aquí están.
-Gracias, hasta luego.
Jacinta se lanzó sobre el mostrador con desesperación.
-¡Una barra! ¡Aquí están los cincuenta céntimos! ¡Hasta luego!
Con la barra en la mano, salió corriendo a la calle.
Por fin. Ya podía volver a su pueblo.
Iba por la carretera tan contenta y distraída cuando vio un hada que venía de frente por el mismo arcén que ella.
A Jacinta aquello le pareció rarísimo: lo correcto es que los peatones circulen por el arcén en sentido contrario al de la circulación de los coches, esto es, el arcén de su izquierda según el sentido de su marcha. ¡Y el hada venía por el arcén de su derecha! 
-¿Pero qué haces, sulnolmal? -le gritó amablemente Jacinta.
-He venido a concederte un deseo -le dijo el hada llegando a su altura.
-Pues haber venido antes y me habría ahorrado bajar a por el pan.

Fin.

15 enero 2018

El Ratoncito Pérez

Llamadme loca, pero cuando algo tiene una web tan cutre como la de la Casa Museo del Ratoncito Pérez empiezo a pensar en que si la imagen que ofrecen al mundo exterior es así como estará lo que no se ve, como, por ejemplo, el sistema de prevención de incendios, la limpieza de las alfombras o (me estremezco solo de pensarlo) el baño.
A pesar de eso, como Nena-chan ha cogido carrerilla con esto de caérsele los dientes, y el Ratoncito ya nos ha visitado exitosamente, pensamos que sería buena idea llevarla a la Casa Museo.
La web advierte que es recomendable reservar, pero también dice que no se puede reservar ni por teléfono ni por internet, hay que ir directamente allí, que no sé a vosotros, pero a mí hacer media hora de trayecto con los dos niños y subir el carrito a pulso un piso solo para comprar las entradas me da una pereza loca.
Pero bueno. He hecho cosas peores y más locas y todas con el carrito a pulso y la teta al viento, así que me fui para allá pensando que por los niños podía pasar por alto que la web sea una patata, que el sistema de reservas sea cutre, que no haya ascensor y que lo poco que se ve desde fuera dé mucho repelús, pero una vez allí vi que iban apuntando las reservas en un cuaderno y pensé, mira, os lo puedo perdonar todo, pero que despreciéis el excel, no.
Y no hemos vuelto.
No parece que el Ratoncito se haya ofendido por el desprecio, porque esta semana a Nena-chan se le ha caído otro diente.
Una vez más se le ha caído en el comedor del colegio y las cuidadoras lo han recogido en una servilleta porque la vida es así y los niños del siglo XXI van por ahí dejando que sean extraños los que les recojan del suelo las partes del cuerpo que van perdiendo.
El problema es que al llegar a casa el diente no estaba.
Pensé que la niña se lo iba a tomar mal, pero estaba supertranquila.
-Bueno -le dije-, si quieres podemos escribir una nota para el Ratoncito Pérez, explicándole que se te ha perdido el diente.
-Podemos firmarla todos como testigos -dijo ZaraJota-. Seguro que en el colegio tienen algún impreso para eso. ¿Te parece bien?
-No -nos dijo Nena-chan-, mejor que mamá me haga una fotos del bujero de la boca y se la mande al Ratoncito Pérez por el móvil.
Ay, bendita inocencia. ¿Cómo le vamos a enviar la foto por internet, si no admite ni las reservas?

08 enero 2018

Dubi dubi dubi du

Como viene siendo habitual, me he pasado las últimas dos semanas de vacaciones con un resfriado muy gordo.
Me habría venido muy bien endrogarme un poco y eso, pero como nunca adivinaréis a quién no he destetado no me dejan.
Y cuando digo que no me dejan es que no me dejan, al margen de lo que diga e-lactancia, que será muy de fiar pero no tiene ni mi historial ni el de Bebé-kun a mano.
Así que un año más (y van tres) me ha tocado pasar el catarrazo a pelo, y un año más ha derivado en una afonía total, y un año más me viene fatal, porque vuestros hijos no sé pero los míos se activan por voz: a Nena-chan ya le puedes poner el desayuno delante, que si no le repites "desayuna" ochenta y tres (las he contado) veces no desayuna porque cómo va a saber ella que los cereales son para comérselos, oye, que lo mismo se los has puesto para que les escriba un poema, yo qué sé, que la chiquilla no es adivina.
Y lo mismo pasa con Bebé-kun, que desde que le hemos quitado el pañal avisa cuando tiene pipí pero no va al orinal si no le digo "corre al orinal", que me estoy pensando hacerle un poder notarial asegurándole que puede usar el orinal cuando quiera.
En fin, lo que intento decir es que afonía y maternidad no son buena combinación.
Y afonía, maternidad y dos semanas de vacaciones, menos.
Así que recurrí a una web que te lee en voz alta el texto que escribas.
Ay, el siglo XXI es maravilloso.
La abrí en el móvil y escribí: "Hola, Bebé-kun"
-HOLA MAMÁ -contestó Bebé-kun, aparentemente incapaz de distinguir la voz del robot de la mía.
"Te quiero mucho"
-ERO MUCHO.
Y acto seguido me quitó el móvil de la mano y le plantó un beso.
¿Qué coj...?
Bueno, al menos Bebé-kun no parecía traumatizado por la repentina deshumanización de nuestra relación materno-filial.
Entonces probé con Nena-chan.
"Nena-chan, ¿has terminado de desayunar"
Como su hermano, Nena-chan me quitó el móvil de las manos, se lo puso en la oreja y contestó muy seria:
-No.
Empezaba a sospechar que aquello no estaba funcionando del todo como yo quería. Y encima me estaba poniendo celosa del móvil, que ya llevaba media docena de besos por parte de Bebé-kun así porque sí.
Pero claro, tampoco tenía elección.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes", escribí.
Los niños decidieron ignorar aquella instrucción en concreto, así que volví a darle al play.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes"
Nada.
"Venga, vamos a lavarnos los dientes".
A fuera de repetir la grabación una y otra vez me dí cuenta de que aunque el lector está muy conseguido, no lograba reproducir del todo las inflexiones habituales del habla. Le faltaba ritmo.
Así que añadí:
"Dubi dubi dubi du"
Cuatro veces. Resultando en:
"Venga, vamos a lavarnos los dientes
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du
Dubi dubi dubi du"
Los niños seguían sin lavarse los dientes pero se reían mucho y la risa es muy sana también, probablemente incluso más que lavarse los dientes.
Estuve con el lector todo el día sin problema, hasta que llegó ZaraJota.
-¡Apaga eso de una vez!
"Si solo te he dicho las cosas que hay que comprar"
-¡Pero has escrito cuatro "dubi dubi dubi du" entre cosa y cosa!
Desde luego siempre hay quien le pone pegas al progreso.

05 enero 2018

El servicio prime de los Reyes Magos

Voy a contar otra vez la historia de las gafas de la piscina, que tengo a la chiquilla entusiasmada con el tema.


Este curso, cuando apuntamos a Nena-chan a la piscina, se empeñó en que quería unas gafas de bucear.
-Pero vamos a ver, petardilla: si no metéis la cabeza debajo del agua.
-¡Pues lo otros niños tienen!
Que no era por no comprarle las gafas, era solo porque ya llevamos bastantes trastos a la piscina, porque estamos en el mismo horario la niña, el niño y yo, y cada vez que nos ven entrar por la puerta nos preguntan si vamos a mudarnos para siempre o a pasar el invierno aprovechando que tienen la calefacción fuertecita.
Además, por esa época lo único que hacía Nena-chan en clase era forrarse con porexpán (dos manguitos, una tablita en el culete, otra en las manos... que entre eso y el gorro y los escarpines yo no sé si la chiquilla llegaba realmente a tocar el agua) y chapotear llevando bolitas de colores de un lado para el otro.
-Bueno, pues vamos a hacer una cosa: lo anotamos en la carta a los Reyes Magos.
Sí, en septiembre.
Porque estamos mu locos y ya en septiembre pusimos un papel detrás de la puerta para ir apuntando cosas que nos hacían falta pero no urgentemente, de forma que se las podíamos pedir a los Reyes.
(La lista incluía cosas como trapos de cocina, una alfombrilla para la ducha, tuppers o imanes de nevera, que los Reyes han ido recopilando durante los últimos meses. Lo digo más que nada porque luego subo fotos de los regalos debajo del árbol y siempre hay quién me dice que son muchos. Pues es que no veas lo que lucen los trapos de cocina cuando los empaquetas uno por uno, jo).
A la niña le pareció muy bien, y apuntó en la lista "gafas para la piscina" con mucha alegría, seguramente porque sabe que si las compro yo me voy a las más baratas mientras que los Reyes tienen tarjeta black y se pueden permitir algo más lustroso.
El problema es que después de unas clases de adaptación el monitor decidió que los niños ya estaban listos para quitarse la media tonelada de corcho y nadar libremente.
De pronto.
En plan: estoy recogiendo pelotitas de colores con manguitos de colores y de pronto estoy tirándome de cabeza y haciendo largos en la piscina olímpica a pecho descubierto.
Y claro a Nena-chan, que nació para princhecha del guisante, se le pusieron los ojos como los testículos de un alien. Verdes. Purulentos. Palpitantes.
Ay... Voy a adelantar el tema gafas, me dije. De hecho, lo adelanté tanto que las pedí por internet en plan urgente.
Al día siguiente apareció el mensajero, a las ocho de la mañana, con tanto tino que nos estábamos poniendo los abrigos para salir de casa.
-Mamá, ¿qué es eso? -me preguntó Nena-chan cuando vio el paquete.
-Las gafas para la piscina.
-Pero mamá, se las habíamos pidido a los Reyes.
M**rd*, m**rd*, m**rd*... Estaba tan agobiada con los abrigos, las mochilas y llegar tarde que no me había acordado de que las gafas estaban apuntadas para los Reyes Magos.
-Bueno -improvisé-, lo que pasa es que los Reyes Magos se han dado cuenta de que te hacen falta ya y por eso te las han mandado con un mensajero urgente.
-¿DE VERDAD?
-Claro. Los Reyes Magos lo saben TODO.
Nena-chan estaba alucinada.
Tan alucinada que se lo contó a todo el mundo que se cruzó por la calle. Y a los viajeros en el bus. Y a las seños de la guarde de Bebé-kun.
Bendita inocencia, me dije.
Pero cuando llegamos a su colegio la emoción dejó paso a la inquietud.
-Oye -le dijo a una de sus amiguitas-, los Reyes Magos de verdad lo ven todo. Todo TODO.
Verás si al final vamos a tener que devolver las gafas por incumplimiento de contrato...

31 diciembre 2017

La cocina del infierno. Epílogo: el horno al fin

Me voy a adelantar a la programación habitual porque no quiero que se acabe 2017 dejando una trama argumental abierta, a saber,

¿qué pasó con el p*t* horno?

Previously in Lorz: 
a ZaraJota y a mí nos dio un pronto y reformamos la cocina. 
Enterita.
Nuevecita. 
Pero cuando encendimos el horno para estrenarlo con una pizza inaugural, empezó a oler a quemado que no veas, ¡y eso que la pizza ni siquiera estaba dentro! 
Resultó que el instalador se había dejado puesta una pegatina, y para quitarla tuvimos que sacar el horno del mueble. Entonces descubrimos que estaba totalmente machacado por detrás. 
Estuvimos un mes llamando al instalador para reclamar que nos lo cambiara (siempre decía que la semana siguiente, y la semana pasaba, y volvíamos a reclamar...) y finalmente fuimos directamente a la tienda, pero resultó que habían cerrado todo el mes de agosto por vacaciones. 
La historia completa aquí.

La primera semana de septiembre me puse en contacto con la tienda. 
-Hola, les llamo por lo del horno. 
-¿Qué horno?
-El horno que instalaron defectuoso. 
-Aquí no sabemos nada de ningún horno. 
-Se lo hemos reclamando al instalador varias veces. 
-Pues no nos ha dicho nada. 
-Bueno, el caso es que hace dos meses nos instalaron un horno defectuoso. 
-¿Dos meses? ¡No pretenderán que se lo cambiemos a estas alturas!
-Pues sí, porque se lo hemos reclamando al instalador media docena de veces.
-Bueno, se lo podríamos cambiar si no lo hubieran usado. 
-Si no lo hubiéramos usado nunca nos habríamos dado cuenta de que está defectuoso, ¿entiende? 
-Claro, pero esto nos lo tenían que haber dicho en el momento. 
-Es que se lo dijimos EN EL MOMENTO al instalador. 
-Bueno, voy a comprobarlo y les vuelvo a llamar. 

Una semana más tarde no nos habían llamado, así que llamamos nosotros. 
-Hola, les llamo por lo del horno.
-¿Qué horno? 
-El defectuoso.
-Ah, sí. ¿No lo habrán usado?
-Claro que lo hemos usado, si no lo hubiéramos usado nunca nos habríamos dado cuenta de que estaba defectuoso. 
De hecho en los cinco meses que estuvimos esperando lo usamos varias veces pensando que bueno, si funcionaba correctamente nos lo quedábamos y ya está, pero incluso después de quitar las pegatinas seguía oliendo mucho a quemado cada vez que lo encendíamos, probablemente porque con el golpe se había dañado alguna de las resistencias. 
-Ah. Bueno, lo que pasa es que ya no me quedan más. 
-Entiendo: se han agotado todos los hornos del mundo mundial. Pero el caso es que ustedes me han instalado un horno defectuoso, y quiero un horno nuevo. 
-Hombre, si se pone así le pediré uno, pero que sepa que va a tardar. 

Dos meses más tarde, a las once de la mañana, el responsable de la tienda se decidió por fin a llamarnos.
-Hola, les llamo para decir que el técnico va camino de su casa con el horno. 
-Pues no estamos en casa. 
-¿Como que no están en casa? 
-Que hemos salido.
-¿Y no pueden volver? 
-¿Y no podían ustedes haber llamado antes? Les hemos advertido una y otra vez que nos tienen que avisar como mínimo el día de antes. Pero cada vez que han venido ha sido avisando en el último minuto y sin avisar. Y como comprenderán DESPUÉS DE CUATRO P*T*S MESES no estamos sentados en casa esperando a que ustedes les dé la P*T* GANA de venir a traernos el horno. 
-Señora, no se ponga así. 
-ME PONGO COMO ME DA LA P*T* GANA, PORQUE TENGO DOS NIÑOS PEQUEÑOS, MUCHA NECESIDAD DE PIZZA Y NINGÚN HORNO. 
-Bueno, ya le he dicho que va el técnico de camino. 
-PUES ESPERO QUE ESTÉ LLEVANDO EL P*T* HORNO A CUESTAS Y SE ENCUENTRE LA P*T* PUERTA CERRADA Y TENGA QUE VOLVERSE A SU P*T* CASA CARGANDO CON ÉL.
Bueno, no sé si os habéis dado cuenta porque tengo una capacidad de autocontrol muy grande, pero es posible que perdiera la calma durante unos breves instantes. Por suerte el responsable de la tienda era bastante perceptivo, y rápidamente entendió lo que estaba pasando. 
-Entonces, ¿no podemos llevarles hoy el horno? 
-No. 
-Bueno, si no les importa esperar... ¿No estarán usando el otro?
-¡¡¡QUE NO!!! 
-Vale, vale, no se ponga así... Voy a mirar la agenda del instalador y mañana les vuelvo a llamar para darle otra fecha. 

Un mes más tarde todavía no nos había llamado, así que volví a llamar yo. 
-Hola, les llamo por lo del horno. 
-¿Qué horno?
Respira, Lorz, tú puedes. 
-El defectuoso. 
-Ah. 
-Me dijeron que me iban a llamar hace un mes. 
-Bueno, señora, es que la última vez que la llamé fue usted muy desagradable conmigo. 
Respira, Lorz, RESPIRA. 
-Lamento mucho si fui desagradable con usted -me disculpé-. Me pilló en un mal momento y perdí la paciencia. 
-Pues debe usted tener bien poca si la pierde tan pronto. 
Ay, me dije. El horno no lo conseguiré, pero el cielo me lo estoy ganando. 

Una semana más tarde nos llamó el responsable para decirnos que el técnico pasaría a las cinco en punto a dejar el horno. 
-¿No puede ser un poco más tarde?
-No, tiene que ser a las cinco porque luego se va a un trabajo. 
-Vale, vale, pues no se preocupe que a las cinco en punto estaremos allí, pero por favor QUE VAYA. 
Nos venía muy mal, pero nos apañamos: ZaraJota salió antes del trabajo, buscó un sustituto para su turno del AMPA, sacó a los niños antes de sus respectivas extraescolares y a las cinco en punto estaba en casa. 
Pero a las siete de la tarde el técnico todavía no había aparecido, y volvimos a llamar a la tienda.  
-Hola, es que nos dijeron que el técnico pasaría a las cinco en punto y no ha aparecido. 
-Bueno, pues ya pasará, ¿tanta prisa tienen? 
Pues francamente: después de cinco meses, como que no. 



El horno llegó a última hora del día siguiente. : ) 



No os voy a desear un feliz 2018 porque un año que rima con ch... vulva tiene que ser bueno por fuerza. 

25 diciembre 2017

Los festivales del colegio

Qué bonita la navidad. 
Con sus funciones de navidad. 
Y su grupos de whatsapp de padres, llamados así irónicamente porque suelen incluir mayoritariamente madres. 
¡Qué prácticos son! 
Desde que tenemos grupos de whatsapp, organizar los festivales es mucho más sencillo, por ejemplo el año pasado la seño mandó un mensaje más o menos así: 

Seño: El próximo miércoles celebraremos un pequeño festival donde las alumnas harán una demostración de lo aprendido durante el trimestre. Ese día deben venir a clase con camiseta NEGRA, leggins NEGROS y tutú ROJO. 

Madre1: OK!

Madre2: Vale!

Madre3: Ay, qué ilusión

Madre4: [825 emojis escogidos aparentemente al azar]

Madre5: Mi hija no tiene tutú rojo, ¿puede ser verde?

Madre6: A mi hija es que le apetece mucho más ir disfrazada de lagarterana. 

Madre7: ¿Tutú corto o largo? 

Madre 3: Estoy en la tienda y tienen tres tonos de verde, ¿cuál es?

Madre 2: Es rojo.  

Madre 1: La seño ha dicho verde. 

Madre 4: Yo ya lo había comprado rojo, voy a ver si me lo cambian.

Madre 2: Yo estoy igual. :(

Seño: El tutú tiene que ser ROJO. 

Madre 5: ¿Por qué algunas van de rojo y otras de verde? ¿No es mejor que vayan todas iguales? 

Seño: Todas de ROJO. 

Madre 6: Yo ya lo he comprado verde y no me dejan cambiarlo, tenías que haber dejado claro el color desde el principio. 

Madre 1: ¿No habíamos dicho que todas de lagarterana? 

Después de la experiencia, este año la seño ha optado por enviarnos el siguiente mensaje: 

Seño: El próximo miércoles celebraremos un pequeño festival donde las alumnas harán una demostración de lo aprendido durante el trimestre. Ese día deben venir a clase con camiseta y pantalón largo, o corto, o falda, o tutú de cualquier color. 

O lo que os de la p*t* gana, coñoyá.

Mientras tanto, en la guarde de Bebé-kun nos avisaron de que tendría que ir vestido de algo navideño. 
-Pues lo llevamos en pelotas con un poco de azúcar glass por encima y decimos que va de polvorón. 
-En la circular -dijo ZaraJota-, pone bien claro que tiene que ir VESTIDO. 
-M**rd*. ¿Pone algo de que tenga que llevar zapatos? 
-No. 
-Pues le ponemos unos pantalones negros, una camiseta interior de tirantes y le enseñamos a decir "Yippie-Kay-Yei, hijo de puta".
-No creo que sea una buena idea. 
A ZaraJota mis ideas nunca le parecen buenas.
-A ver, Bebé-kun, di "Yippie-Kay-Yei".
-¡EEE-PA PÍ, JARL!
-No, Peppa no. 
-¡EEE-PA PÍ!
-Nonononono, "Yippie-Kay-Yei".
-INQUEL INQUEL ITEL STAAAAAAAA.
-Vale, ya te compro un disfraz si eso. 
Que la verdad es que suelo comprar porque se tarda mucho tiempo en coser uno, pero luego a Bebé-kun hay que meterle tanto de largo, de ancho y de todo que me saldría más a cuenta coserlo desde el principio, pero bueno. 
Pues estábamos en la tienda y me encapriché del disfraz de Baltasar, sobre todo porque tenía colorines y brillitos y un turbante chachi, y además era rojo y al tono de piel de Bebé-kun el rojo le queda fenomenal, y porque la alternativa era el disfraz de pastor, que no deja de ser un chaleco, y el de chupapo también es básicamente un chaleco, y cuando se visten de flamencos también les encasquetan un chaleco, y francamente, no puedo más con los chalecos, habiendo tantas cosas bonitas y no chalequiles para disfrazarse en la vida. 
Cogí una de las bolsas y me fui al señor de la tienda a preguntar si lo tenían en talla XXXXXXXXS, y el señor de la tienda me miró de arriba abajo y me preguntó si era para mí. 
-No, para mi hijo.
-Pero ese disfraz es para un niño negro. 
-¿En serio? -francamente, si en Halloween los niños se disfrazan de calabaza y no tienen la piel naranja, no entiendo porqué en navidad no pueden disfrazarse del rey mago que más les mole sin tener en cuenta la melanina de cada uno-. Pero... ¿el niño viene incluido? 
-No. 
-Entonces búsqueme la talla XXXXXXXXS, que ya meteré yo dentro al niño que tenga por casa. 



Mientras tanto en whatsapp...
Madre 8: Dice mi hija que mañana hay festival y tiene que llevar un tutú verde. Podíais haber avisado, que para eso está el grupo. 






¡Feliz navidad! 

18 diciembre 2017

Más publicidad

Una vez más me toca hacer publicidad, pero es por una buena causa.
Se acerca la navidad y seguro que tenéis que hacer mogollón de regalos para gente especial. 
Ya sabéis, para gente que no os cae bien y eso. 
Hacer un regalo a una persona que odiáis, o, peor, que os da totalmente igual es una tortura, y aquí vengo yo a recomendaros mis libros: de todas formas, a esa persona no le va a gustar nada que le regaléis, y a mí me hacéis un favor.
Tenéis tres a vuestra disposición. 

Este ya lo conocéis, es el que sacamos adelante con vuestra ayuda en el #Lorzfunding. 
Es una recopilación de entradas del blog, mejoradas, ampliadas y con dibujos de ZaraJota. 
Lo podéis encontrar en ebook; también me queda alguna copia impresa en casa, podéis escribirme a lorzagirl@gmail.com si queréis una.



Tan breve es esta historia que solo tiene 12 páginas. 
Por eso solo está disponible en ebook
Villamatojo cuenta la historia de una familia que está de vacaciones en el pueblo cuando de pronto aparecen los zombis. 
Me temo que cuando la escribí se me había agotado el sentido del humor, y me ha quedado bastante oscura. 



Está tanto en ebook como en papel
Llevo casi treinta años dándole vueltas a esta historia, y ahora que por fin la he publicado la echo de menos: me había acostumbrado a que me rondara, y me arrepiento un poco de haberla soltado. 
¡Todavía podía haberle dado más vueltas! 
Es la historia de una niña que va a una fiesta y es testigo de un intento de asesinato. A partir de ahí la vida se le complica. Un poco. Tampoco es que le quedara demasiado margen para complicar. 
Yo la considero juvenil, aunque tiene palabrotas y se menciona la palabra "sexo" al menos una vez. 


Ya que me pongo con esto de la publicidad, os animo a seguirme en la otras redes sociales: FaceBook, Instagram, Twitter. En Twitter me paso la vida, y contesto al segundo.


Como siempre, también estoy disponible en lorzagirl@gmail.com.

¡Nos vemos! 






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Ruegos y preguntas. 

¿Puedo encontrar tus libros en librerías?
No. En ninguna. A no ser que el librero se haya comprado alguno y se lo haya dejado por ahí. 

¡Muy mal, Lorz! 
Para poner un libro en librerías se necesitan, entre otras cosas, imprimir una cantidad mínima que garantice que habrá libros en las librerías, aunque luego no se vayan a vender. 
Y lo más probable es que la mayoría no se vendan y acaben en una incineradora.
Hasta que no esté segura de que mis libros van a encontrar un hogar, prefiero no matar más árboles de los necesarios.

¡Pero hay que apoyar a las librerías! 
Yo las apoyo. Comprando. Aunque no mis libros. Hay libros de sobra en todas. 

Vale, pero ¿por qué los libros solo están disponibles en amazon, que es El Mal Encarnado?
Porque llega a todo el mundo y así me aseguro que mis tres seguidores en Brasil (por ejemplo) pueden tener el libro si lo quieren. De hecho me proporciona herramientas para saber que en Brasil hay tres personas que compran mis libros. Y así puedo decirles hola. ¡Hola! 

Pues yo conozco una plataforma maravillosa que...
En estos momentos no dispongo de tiempo para adaptar, subir y gestionar mis libros en todas las plataformas maravillosas que hay.
Además, muchas plataformas tienen mínimos de ventas, es decir, que si subo mi libro a diez plataformas y vendo cinco en cada una, lo más probable es que no cobre absolutamente nada por ninguno. 
Mis cifras de ventas son tan bajas que, de momento, necesito centralizar. 

¿Y qué más da vender? ¡La escritura no es un negocio, es una pasión! 
Es una pasión a la que hay que dedicarle tiempo. MUCHO tiempo. Cuanto menos tiempo deba dedicar a ganarme la vida, más tiempo tendré para escribir. Luego el dinero es importante, aunque solo sea para poder seguir escribiendo.
En ese sentido, somos los lectores los que decidimos quién se convierte en escritor profesional y quién no. 

Pues yo me lo pienso bajar pirata. 
Vale. Menos probabilidades hay que escriba otro. Como he dicho, son los lectores los que deciden. 
Aunque si crees que mi trabajo no vale nada, quizá no deberías perder tu valioso tiempo leyéndolo.  

Pues mira, tienes razón: paso de leerlo. De todas formas no me gusta como escribes.
¿Y qué haces aquí, entonces?

No puedo irme. Soy tu voz interior. 
M**rd*.

FRACASAAAAAAAADA....
Si crees que a estas alturas voy a picar con el síndrome del impostor...

¡ERES TONTA Y FEA Y TUS PADRES NO TE QUIEREN!
Me parece que lo que le he echado al pollo no era tomillo.